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Si eres mamá, lee esto, y si no, también.



Hace mucho no escribía en el blog, Todas las palabras que tenía, las estaba viviendo para mí, descargaba todas mis emociones un poco en soledad, pero también como mi terapia de mi propia maternidad. La realidad es que no estaba 100% lista (ni lo estoy, pero aquí voy) para compartir la intimidad de estos 2 años ¿siendo mamá?


Y lo pongo entre signos de interrogación, porque ha sido un proceso de autodescubrimiento, de desahogo, de desaprendizaje, de retos (días sumamente difíciles), de mucho poder, de magia, de amor, de un vaivén de emociones que hay días que me hacen sentir que estoy dentro de un remolino sin salida, y que cuando pasa, puedo ver todo lo que hay afuera de este tornado y es bello, pero también, veo cómo este tornado se ha llevado todo lo que conocía a su paso.


Madre. ¡Qué palabra tan poderosa! Qué palabra tan llena de etiquetas, estereotipos y a la vez, tan llena de magia y de amor.

Madre tierra, madre yo. La conexión es indescriptible. Es tan mágico el poder creador al estar en este cuerpo de mujer, y no solo me refiero al tener un hijo, una hija. Sino al poder creador que ya está en cada mujer por el simple hecho de serlo. Si algo he aprendido en este camino y que repito hasta el cansancio es:

puedes ser madre de tus proyectos, de tus nuevos comienzos, de un ser humano real, puedes ser incluso madre de ti misma, madre de todos y de nadie. Al final: CREAS.

Como mujer, siempre creas, creas tu vida, creas tu día a día, creas tus pensamientos, creas con tu energía más de lo que tú eres en el mundo. Creas en cada etapa de tu vida. Ya está en ti el poder de crear.


Y suena maravilloso, antes lo decía tanto y lo creía tanto (sí, lo sigo creyendo, pero desde otra perspectiva), que cuando tuve a mi hija, sentí que algo se desgarraba dentro de mí, algo se transformaba, y era tan doloroso y mágico a la vez. Era tan solo y tan amoroso a la vez.


Creo en el poder de creación como algo mágico, místico, doloroso y amoroso a la vez.

Esa es la maternidad, así ha sido mi maternidad. Me he enfrentado a retos que nunca imaginé, que ahora agradezco y a la vez, en su momento, detesté y negué. Me he enfrentado a mí misma, me he encontrado con una sombra aún más oscura que me ha mostrado lo que estaba en el rincón, olvidado, sin sanar, pensando que estaba trascendido, pero que en realidad, solo estaba oculto, yo lo había dejado ahí, y que me volteara a ver a la cara, ha hecho que sienta que en días, no me conozco ni a mí misma.



Ojalá todo fueran los momentos de ternura, de diversión, de amor, de juegos, de descubrimientos y sonrisas. Ojalá siempre fueran días de besos, abrazos y caricias. Pero también hay días de mordidas, de dolor, de arrepentimientos, de culpa, de llanto, de enojo, de explosión, de pérdida, de ansiedad, de cansancio extremo, agotamiento, y luego, nada, la nada, un limbo donde parece que veo mi vida de forma externa y los pensamientos invaden y señalan cada palabra, cada movimiento, todo lo que hago. Y ahí, es donde me encuentro más.

Esos momentos en el limbo, sin dormir, es donde puedo volver a mí, ahí, acostada en mi cama, viendo hacia arriba, hacia la nada y a la vez, hacia el todo. Pensando, pensándome, abrazándome, amándome. Aún con llanto, dolor, enojo, tristeza, decepción, ahí me estoy amando.

Maternar es duro, quisiera cambiar las palabras y aplicar aquí todo lo que he aprendido sobre PNL, sanación energética y mil cosas más, pero sería negar la misma vulnerabilidad de la maternidad. Sí, maternar es duro y nada malo hay en eso. Entenderlo, ha sido mi mayor reto. Dejar de romantizar el "yo puedo",y cambiarlo por un "no puedo más", nada malo hay en eso.

Sería una mentira decir unas palabras cuando en realidad se sienten otras.

Y es aquí donde te digo, conecta. Conecta con eso que sientes, como siempre te lo digo, conecta. Hay sentimientos que solo están de visita por un momento, que se vale sentirlos, darles las gracias y decirles adiós. Hay sentimientos que se reviven, y que llegan una y otra vez y te tocan la puerta hasta que decides abrirles y escuchar lo que tienen qué decirte, y entonces sí, terapia, sanacion, aprendizaje, dolor, avance.


Pero por favor, conecta. Conecta con tus "estoy tan cansada", conecta con tus "te amo tanto mi bebé", conecta con tus "ya estoy harta", conecta con tus "eres una niña maravillosa". Sí, todo eso vive en ti, nada malo hay en eso. No es tanto lo que dices, es lo que sientes, cada frase en tu maternidad te dice algo, algo sobre ti, pero sobre todo, cada frase te grita: voltéate a ver a ti.


Y aquí, sentada, escribiendo, volteo a ver a esa hermosa niña que me eligió como su mamá, con lágrimas en los ojos, hoy le hablé fuerte en la cena, le arrebaté el plato porque estaba tirando el queso, me cansé, me cansé, no pude más. Después me arrepentí, la abracé fuerte, estábamos en la tina y le dije: perdóname, mamá está muy cansada, quiero que sepas que te amo, ahora vamos a divertirnos, la próxima vez te hablaré de forma calmada y te escucharé. Después del llanto y el trago amargo, reímos como locas haciendo burbujas en la tina. Mientras su papi la cambiaba, yo estaba llorando, sentada en la tina repitiéndome: la próxima vez lo haré mejor, seré más consciente, estoy aprendiendo, mañana será mejor. Después de esto, ya vestidas, abrazo, besos, un buenas noches, la teta, arrullo, un amor tan intenso y maravilloso y a dormir.


¡Qué duro es maternar! Porque a veces, no solo se materna un hijo, se materna un negocio, se materna una mascota, a una misma. Nos maternamos para darnos ese amor y eso que sentimos que en algún momento, a nuestra niña interior le hizo falta. Los bebés a veces, no son solo los que están en tu vientre y llegan al mundo, a veces, también ves nacer tus ideas, la auténtica tú, tu propia transformación y ahí, también creas y maternas.


En maternar a veces también ha pérdidas, pérdidas reales, pérdidas que duelen en el alma. A veces son de eso que tanto esperabas y no llegó, a veces de las ideas que tenías de la maternidad misma, pérdidas de ti, de lo que eras, pérdidas de amistades, de proyectos, de interés, pérdidas que duelen, pérdidas de relaciones, pérdidas que calan hasta los huesos y donde sí, no vuelves a ser la misma de antes, pero que te siguen enseñando de ti.

Perder en la maternidad, es un duelo fuerte, intenso, no pasa de la noche a la mañana, se queda ahí, hasta que un día volteas, y miras esas pérdidas con el gran amor que dejó a su paso, entonces te sonríes, a veces, aún duele, pero ahora, lo miras también con compasión y entonces, todo cambia.

Y sí, estoy tremendamente feliz de ser mamá, pero también tremendamente cansada, pero también tremendamente feliz de ir retomándome a mí, mi negocio, mis pasiones, mi escritura. Estoy tremendamente feliz de esta vulnerabilidad que a la vez asusta. Estoy tremendamente feliz de estar viva, porque finalmente, elegí esta vida, este cuerpo y este momento, para experimentar la magia de ser humana, de ser vulnerable, tanto físicamente como emocionalmente y vivir, vivir tan apasionadamente todo, que también mi soledad, mi tristeza y mi enojo, son parte de mí y que eso, también es amor.


Me amo vulnerable, me amo mamá, me amo feliz, me amo enojada, me amo en mi antes, mi después y mi ahora, me amo, me amo siempre porque así es como aprendo más de mí.

Yo no solo quiero ser feliz, quiero vivir cada experiencia, sentimiento y emoción, para sentirme viva y unida a mí.

Feliz día mamás, gracias por ser el canal de luz para que más almas estén en este mundo elevando la consciencia, el amor, la sanación y la paz. Gracias por ser ustedes más allá de ser mamás.


Y feliz día a las mamás que gestan ideas, emociones, transformaciones y magia en todo su interior.


Las quiere, Clau.



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